Transformando
La renuncia de Guadalupe Taddei no resuelve los cuestionamientos sobre el manejo de recursos, los nombramientos y las decisiones del INE.
Lo que mal empieza, mal acaba, dice el refrán, y resulta inevitable recordar que Guadalupe Taddei llegó a la presidencia del Instituto Nacional Electoral mediante una “tómbola” realizada por la Cámara de Diputados en 2023, después de que los partidos no consiguieron ponerse de acuerdo, su designación fue legal, pero los cuestionamientos sobre sus vínculos familiares con funcionarios cercanos a Morena acompañaron su llegada.
Tres años después, Taddei presentó su renuncia ante la Cámara de Diputados en medio de señalamientos sobre posibles irregularidades en contrataciones y conflictos de interés relacionados con José Alfredo Hernández Casillas, empresario vinculado con proveedores del instituto, fotografías de encuentros personales y un video que presuntamente muestra a uno de sus hijos acompañándolo en París, aumentaron las exigencias de explicaciones.
El problema no es solamente lo que aparece en un video grabado en París, sino lo que todavía falta explicar en México, quién autorizó los contratos, cómo se adjudicaron y qué controles existieron para impedir que las relaciones personales influyeran en decisiones sobre recursos públicos.
La contradicción es difícil de ignorar, el organismo encargado de fiscalizar el dinero de partidos y campañas enfrenta cuestionamientos por el presunto manejo irregular de sus propias contrataciones.
¿Con qué credibilidad puede exigir transparencia a los partidos una institución que todavía tiene explicaciones pendientes sobre sus propios recursos?
Pero la salida de Taddei tampoco resuelve otro problema, durante su gestión se ampliaron las facultades de la presidencia para designar funcionarios en áreas ejecutivas, reduciendo la intervención colegiada en determinados nombramientos, no se trata de presumir culpables a quienes fueron designados, sino de revisar sus atribuciones, procedimientos y decisiones, la renuncia de una persona no esclarece los contratos ni determina las responsabilidades de quienes pudieron intervenir.
Y aquí aparece una pregunta que va más allá del escándalo, ¿qué tanta confianza podemos tener en las decisiones que el INE ha tomado bajo su conducción?
En 2024, Taddei votó a favor de la asignación de diputaciones plurinominales que permitió a Morena y sus aliados alcanzar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, una decisión sustentada por el instituto en la interpretación constitucional de los límites de sobrerrepresentación por partido, pero cuestionada por quienes consideraban que debía analizarse el efecto conjunto de la coalición.
El INE defendió jurídicamente esa interpretación, que posteriormente fue revisada por las autoridades jurisdiccionales, pero sus consecuencias políticas fueron enormes, esa decisión no demuestra parcialidad por sí misma, aunque forma parte de las decisiones cuya fundamentación y efectos merecen escrutinio público.
Más recientemente, mientras Morena desarrolla actividades de posicionamiento mediante sus llamados defensores de la transformación, persisten interrogantes sobre el origen de los recursos utilizados y los límites entre organización partidista y campañas anticipadas.
El 8 de octubre, el Consejo General rechazó lineamientos específicos para fiscalizar esos procesos, con el voto en contra de Taddei, quien cuestionó su sustento jurídico, el instituto conserva sus facultades legales de vigilancia, pero quedó abierta una pregunta, ¿de qué sirve descubrir una ventaja electoral indebida cuando la elección ya terminó?
Morena ha hecho suyos los principios de «no mentir, no robar y no traicionar al pueblo», compromisos que también deben reflejarse en investigaciones transparentes, sin privilegios ni condenas anticipadas, la lealtad política no puede sustituir la capacidad profesional, ni los controles institucionales.
Siempre he sostenido que las instituciones son tan grandes o tan pequeñas como quienes las dirigen, en este caso, agregaría «tan corruptas o transparentes como quien toma las decisiones».
México tardó décadas en construir una autoridad electoral independiente del gobierno, primero como IFE y después como INE, que contribuyó a la alternancia democrática. Ha enfrentado crisis importantes, pero hoy la institución encargada de generar confianza en las elecciones debe responder por cuestionamientos sobre su propia administración.
La renuncia de Guadalupe Taddei puede cerrar una etapa, no las investigaciones, los nombramientos ni las decisiones tomadas durante su gestión, porque la credibilidad del árbitro no depende solamente de quién lo preside, sino de quién toma sus decisiones, quién las vigila y quién responde cuando algo sale mal.
POSDATA:
“Lula da Silva fue reelegido presidente de Brasil con el 51.79% de los votos válidos, frente al 48.21% de Flávio Bolsonaro, la izquierda conserva la presidencia, pero la derecha reunió casi la mitad de los votos, Brasil eligió presidente, no superó su división política.”
Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡Exigentes!!!
El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA en Michoacán.