Odisea Política

La importancia de las mujeres michoacanas en las próximas elecciones será fundamental para que en Michoacán tengamos una primera gobernadora y, con ello, establecer un cambio histórico, ideológico y cultural en un estado en el que “sólo los hombres saben gobernar”; y es que, durante 201 años, se ha ejercido exclusivamente por éstos, en un periodo continuo que abarca desde 1825 hasta la actualidad (2026), sin tener referentes sobre las mujeres como gobernantes, lo que genera una larga lista de comentarios, en su mayoría negativos, sumamente ofensivos y basados principalmente en prejuicios, violencia y misoginia.

Los hombres han llenado y caracterizado lo político como a la política, de un dominio territorial exclusivista, cuando, en cambio, son las mujeres quienes han transformado la vida pública politizando temas que requieren ser atendidos y que responden a las necesidades de generar equilibrios en los ámbitos públicos y privados. Sin embargo, en esta “pre-contienda”, los discursos de los hombres se refieren a mujeres que ya están dejando de existir, o bien, que ignoran lo que es sustantivo para nosotras. Muchas veces, las mujeres de las que se rodean los masculinos son parte del escenario en donde sonríen y guardan silencio, reducidas a meras acompañantes.

Aunque también buscan a mujeres que se han colocado como “referentes” y asociadas al victimismo, como si este fuera una gran cualidad, pero no es así; ser víctima es una circunstancia, no necesariamente un atributo de liderazgo y capacidad. Lo único que evidencia es que el dolor es una moneda muy valorada por el neoliberalismo. Exhibir y “monetizar” políticamente no es reivindicativo de las víctimas, por el contrario, utiliza una problemática estructural innegable que debe ser atendida de manera integral, efectiva y respetuosamente sin pretexto alguno.

Sin embargo, lo anterior advierte un peligroso reforzamiento de un pensamiento tradicional, el cual se centra en que las mujeres, para estar a salvo, “deben regresar a sus casas”, porque, para ser apoyadas y legitimarse políticamente, deben exaltar la vulnerabilidad y la abnegación para ser dignas de reconocimiento de los hombres. Esto nos dice que hay un proyecto en boga para que las mujeres nos quedemos sin voz ni voto, pero también sin derechos, literalmente.

Bajo esta lógica, los cuestionamientos de descalificación, profundamente ofensivos y vulgares contra la Presidenta, Claudia Sheimbaun Pardo, deben cuestionarse ya que representan una cultura hegemónica y machista, y porque es claro que la idea del ejercicio del poder rompe con la forma tradicional con que casi todos los hombres han ejercido este, destruyendo las condiciones de vida dignas que merecemos en este país. Al tacharle de necia e inflexible, obstinada y carente de autonomía, aunado a ofensas racistas, con dolo sobre su apariencia física, no solo se pretende deslegitimarle sino también debilitar la autoridad moral y de mandataria que representa dignamente.

Contrario a la prensa nacional, la internacional destaca su liderazgo como una combinación de rigor científico, firmeza, pragmatismo técnico y el impacto simbólico de su perfil como la primera presidenta de México.

Ahora, estas capacidades y características deben ser un perfil que considerar para Michoacán, además de ser mujer, por trayectoria y preparación. Aunado a la claridad del porqué de la importancia de la Defensa de la Soberanía, ya que ahí recae sustantivamente la trasformación de la vida de las mujeres, y es que las mujeres no podemos seguir sosteniendo con el cuerpo y la vida las desigualdades que una parte de la otra mitad de la población pretenden seguir imponiéndonos.

Para Gaby Molina, referir en cada asamblea y brigadeo, la importancia que las mujeres tienen en la transformación de Michoacán, a través de la escucha activa y el diálogo permanente, característico de ella, coloca con claridad que una cosa es “lo político”, como la dimensión del conflicto inherente a las sociedades humanas, y otra “la política”, como el conjunto de prácticas e instituciones que ordenan la convivencia. De tal manera que las mujeres no constituyen una categoría homogénea por naturaleza, sino la llenan de riqueza de las diversidades, a sus aportes, cualidades y capacidades; centrando su identidad política en las condiciones de la praxis colectiva, de ahí que, sólo juntas y organizadas llegaremos. No cabe duda de que su apuesta es grande, articulada y pacífica.