Ciudad de México
El inicio del proceso electoral 2026-2027 se convirtió en escenario de advertencias sobre el futuro del Instituto Nacional Electoral (INE), críticas por sus tareas pendientes y hasta acusaciones de negligencia.
Esta vez, la opinión no fue sólo de la oposición, sino también de varios consejeros que avizoran daños graves a la credibilidad y autonomía del órgano. Así lo describe la crónica de La Jornada con la pluma de Fabiola Martínez y Jessica Xantomila.
En unas cuantas horas, los responsables de la organización de las elecciones de poco más de 20 mil cargos en todo el país –incluida la renovación de la Cámara de Diputados y 17 gubernaturas– pasaron de la formalidad de la ceremonia patria y el ánimo festivo, a las caras largas por el choque de trenes, ahora sí, evidente y público, en la máxima instancia de decisión del INE.
Desde antes de las 8 de la mañana llegaron a la explanada del INE mandos electorales y líderes partidistas. A esa hora, la única sorpresa era la insólita asistencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La funcionaria llegó acompañada de la consejera Guadalupe Taddei.
Por lo demás, el preludio fue el típico de los honores a la bandera, el Himno Nacional y las interpretaciones de niños y jóvenes de la Banda Sinfónica de Ihuatzio. El cierre, también común, con el llamado de la presidenta del INE a los actores políticos a no saltarse la ley y llevar los pleitos por las vías institucionales.
La otra circunstancia distinta era que ya estaban ahí, en la “herradura de la democracia”, listos para hablar, el líder del PRI, Alejandro Moreno (el partido que va a Estados Unidos a pedir que le quiten la visa a consejeros del INE), esperando un round, así fuera de sombra, con la presidenta de Morena, Ariadna Montiel.
Otro asunto fue la confirmación y toma de protesta a Roberto Félix López, como nuevo encargado de la secretaría ejecutiva del instituto, el sexto en tres años y medio, a quien con mucho sarcasmo Alito le dio la bienvenida: “no se nos vaya a enfermar” con los tres anteriores en su puesto, le dijo en alusión a la intempestida salida, la víspera, de Claudia Espino.
El cierre, también común, con el llamado de la presidenta del INE a los actores políticos a no saltarse la ley y llevar los pleitos por las vías institucionales.
Al término de la ceremonia, los integrantes del Consejo General enfilaron hacia el salón de sesiones, con otras dos novedades: el INE ya no usa el rosa mexicano como su color institucional, sino un tono lila, puesto de moda por el gobierno de la capital.
Pero nadie previó lo que ocurriría después: el consejero Arturo Castillo, siempre reconocido por su técnica jurídica y moderación, recriminó el desempeño de la propia institución y las consecuencias de ello en la credibilidad del INE.
“El contexto en el que comienza (el proceso) constituye, desde mi perspectiva, el escenario perfecto para una elección cuestionada.”
Castillo, el mismo que ha insistido desde marzo pasado, sin éxito, en la urgencia de crear lineamientos para regular las “pre-precampañas”, ahora ocupó su turno al micrófono para advertir que mientras los partidos están incumpliendo la ley, el árbitro está inactivo, omiso y opaco.
*Con información de La Jornada.