Mirador Ambiental

Hace más de cuatro años llegaron al oriente de Madero ofreciendo a los pobladores protección contra supuestos delincuentes que no existían; algunos quisieron creer que aquel ofrecimiento era bueno y les permitieron quedarse. Al poco tiempo les pidieron dinero para costear la protección.

Al paso de los meses y los años se quitaron la máscara y tomaron la economía, las propiedades y los recursos de los pobladores, y al final tomaron sus vidas e hicieron del sadismo y del terror su instrumento predilecto para someter a los que resistían. Los pobladores no pudieron contra ellos, el abandono del Estado por decenios los había echado a las manos de los criminales.

Y tuvieron que irse para proteger sus vidas dejándoles bosques, ganado, parcelas y casas, pero todavía seguían siendo amenazados en los pueblos y ciudades a donde se fueron a refugiar. El infierno, como referente para explicar la condición de estas personas, no es una metáfora. Los pueblos de El Capulín de Madero y otros más del sur oriente de Morelia, podrán tener, al fin, una oportunidad para recuperar su territorio, sus casas y sus bienes.

La caída de los Sierra la semana pasada y otros más que eran sus brazos operativos, debe ser el inicio del desmantelamiento total de esta banda para que la paz pueda ser restablecida en la zona. La localización de las fosas clandestinas ubicadas en distintos puntos de la sierra y en las cuales podrían estar las personas que fueron desaparecidas por estos buitres es una prioridad que debe atenderse para darle consolación a sus familias.

La magnitud de la información que el gobierno tiene, proporcionada por los criminales, debe permitir que se vaya por todos los involucrados, sicarios, operadores, punteros y soplones, y no solo de los que operaban en el oriente sino de los que operan en el centro sur de Madero.

La labor coordinada entre el gobierno federal y el gobierno del estado a través de las puntuales actuaciones de la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán, Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Sedena, la Guardia Nacional y la Fiscalía General del Estado, han dado un resultado exitoso, que prueba nuevamente, como ocurrió con las detenciones del 14 de junio en Villa Madero de cuatro operadores de CJNG, que, si se lo proponen, los resultados se dan para bien de los ciudadanos.

Para que las detenciones de estos criminales se traduzcan en efectos sociales exitosos se debe ir por la plena recuperación de los territorios, por la recomposición del tejido social roto, por la revitalización de la presencia de las instituciones a través de una cercanía efectiva en materias de seguridad, educación, cultura, salud, deporte y obra pública de comunicaciones. Nunca más los pobladores de esta zona, y de ninguna del estado acosada por el crimen, deben ser abandonados a la inhumanidad enferma y carnicera de los delincuentes.

Pero, sin duda, la acción más estratégica que debe venir después de este conjunto de detenciones, y que es la garantía para desterrar a los criminales y dar certeza a la recuperación del territorio y a los derechos de los pobladores, es la investigación de las redes de complicidad y de mando político que existen atrás de estos grupos criminales. Sin esas redes estos grupos no podrían actuar con los niveles de impunidad con que lo han hecho.

Las redes políticas que están atrás de estos carniceros tienen la misma o mayor responsabilidad por el asesinato, tortura, mutilación, extorsión, desplazamiento, robo de bienes y la difamación sistemática en las redes sociales de las víctimas.

Dichos políticos que ejercen, o como presidentes municipales o diputados, y que se han valido de las estructuras criminales para hacerse del poder, que se sirven de ellos y les sirven a ellos, deben ser tratados como tales, deben ser investigados y llevados a la cárcel. En sentido estricto son traidores a su pueblo, son verdugos de su gente.

Por la información que existe sobre la actividad criminal en Madero, mucha de ella proveniente de los propios delincuentes detenidos, debe dar pie a extirpar el mal de raíz, y hacerlo supone realizar los operativos, en donde los políticos relacionados con estos grupos sean detenidos y juzgados por la justicia.

La caída de los Sierra es un gran paso en la recuperación de la seguridad en Madero y en el sur de Morelia. No debe quedar ahí, las posibilidades que existen en el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, deben ser exploradas y diseñarse un plan de intervención más amplio con la finalidad de reconstruir desde abajo la paz y consolidarla en el territorio.

*El autor es analista político, experto en temas de Medio Ambiente, e integrante del Consejo Estatal de Ecología.