La Dra. Maya Lorena Pérez Ruiz analiza el libro «Mapeco y los huachitos», una obra donde los niños de Michoacán transforman su realidad a través de la literatura.

Mapeco era un niño travieso, dicen varios de los cuentos escritos por quienes participaron en 2025 en el Concurso de cuento infantil Manuel Pérez Coronado, en Michoacán, convocado por la Secretaría de Educación del Estado y publicado por  Cuarta República en el libro Mapeco y los hucahitos.

Y tenían razón, ya que desde pequeño Mapeco fue inquieto y muy creativo. Le encantaba escuchar viejos relatos de coyotes, perros y burros que hablaban, de cómo eran los arrieros que iban y venían entre caminos de tierra, cruzando cerros y ríos para llevarle a la gente aquello que necesitaba; de las danzas y las fiestas de los pueblos en que se quemaban castillos y se bailaba entre toritos luminosos, mientras la chiquillada corría entretenida en torear los cuetes y las centellas de colores.

Y era su pasión dibujar, hacer versos e irse de pinta al río Cupatitzio, donde nadaba y, con su palomilla, disfrutaba las frutas de las huertas de los alrededores. Pero a su mente no sólo la animaba la imaginación, porque junto a su capacidad infantil de sorprenderse y maravillarse, también estaba su inquieta sensibilidad que lo inducía a registrar sus vivencias, y a describir con palabras y trazos en papel lo que estaba en sus alrededores. Infancia feliz, pero no despreocupada, puesto que Mapeco, igual que los niños escritores del concurso, en sus creaciones infantiles plasmaba también los problemas y las injusticias que veía, e incluso padecía al ser, como muchos otros infantes de su barrio, un hijo de mecánico automotriz, con grandes manos de trabajador, y de una mujer de casa que, hábil para las cuentas, debía hacer que los centavos sirvieran para darle de comer a sus hijos. Patio con flores y frutales, y en el traspatio gallinas y guajolotes para tener huevos y carne cuando hiciera falta.

Bajo esos recuerdos sembrados por mi padre, fue una maravillosa sorpresa encontrar en la diversidad de cuentos en concurso, una valiosísima gama de temas recreados en la escritura, y que, producto de la magia de la imaginación y la fantasía, hubiera cuentos fantásticos, llenos de sorpresas que nos hicieron reír a carcajadas; o que plasmaban las aventuras de danzantes y deportistas; o de niños soñadores bajo los árboles parlanchines guardianes de la memoria; o que contaban las aventuras de los ancestros, en vida o que en la ceremonia de muertos, visitaban a sus nietos; o fábulas y moralejas sobre la amistad, el valor de la familia, la educación y las tradiciones. Pero también encontramos relatos que dramáticamente se adentraban en complejos problemas como el miedo, la discriminación, el maltrato, los impactos de la migración y el desamparo, el secuestro y las desapariciones.

Temas estos últimos que expresan la necesidad de los niños de encontrar una salida creativa a lo que lastima su niñez y su derecho a tener un entorno feliz, y libre de violencia. De allí la importancia de un ejercicio como el emprendido por la Secretaría de Educación Pública de Michoacán, al abrir un espacio que homenajea a Mapeco como artista michoacano, pero que va mucho más allá de ese objetivo, al incursionar en la comunicación educativa que crea puentes de interacción con la población infantil y la estimula a expresarse en libertad.

            Además del placer que nos produjo la lectura de los cuentos, nos congratulamos por haber conocido a los niños escritores de Michoacán, ya que no únicamente disfrutamos sus creaciones literarias, sino que, con su imaginación y su talento, han fortalecido  nuestra convicción de que Mapeco tiene mucho que aportar a la vida cultural de nuestra entidad; no sólo por lo que hizo de ejemplar, sino por lo que nos enseña hoy en términos de los valores humanos y artísticos, que han de apuntalar cualquier política cultural que se considere comprometida con la vida, la convivencia y la paz.

            Nunca como ahora el arte y la literatura deben ir de la mano de la educación pública con el afán de consolidar lo que somos y lo que queremos seguir siendo: una sociedad diversa con una gran riqueza cultural e identitaria, democrática y participativa, y que, desde la educación, impulse a la niñez para que, cobijados por la creación artística y literaria, sean los grandes defensores de la vida.

Maya Lorena Pérez Ruiz

Maya Lorena Pérez Ruiz, doctora en Antropología Social, investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología social del INAH y miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México Nivel III. Es autora de 7 libros, ha coordinado otros 6 de varios autores, y ha publicado 52 artículos y 54 capítulos en libros.