Emiliano Medina analiza la decisión de Claudia Sheinbaum de asistir a la final del Mundial en Estados Unidos, su ausencia en la inauguración en México y el costo político de ambas decisiones.

EMILIANO MEDINA

La presidenta Claudia Sheinbaum decidió acudir el día de ayer a Nueva Jersey para participar en la ceremonia de premiación de la Copa del Mundo. La salida es inusual: son contadas las ocasiones en las que la presidenta ha salido del país. Destaca aún más su presencia en la final, considerando que optó por no acudir a la ceremonia de inauguración en México. ¿Por qué la presidenta decidió ir a Estados Unidos, pero no presentarse en su propio país? Creo que, más allá del miedo a la rechifla, el principal motivo tiene que ver con la estrategia política que ha mantenido como jefa de Estado y jefa de partido: evitar a toda costa los costos visibles.

Aunque hoy parezca lejano, cinco exgobernadores priistas fueron encarcelados durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. A la distancia, la intención del expresidente era desligar al Poder Ejecutivo de los principales escándalos de corrupción ocurridos a nivel estatal. No obstante, el daño estaba hecho: el encarcelamiento de figuras priistas importantes, de aquellos eslabones del "Nuevo PRI", fue una declaración de que la corrupción se encontraba insertada en el partido tricolor. Más que un combate a la corrupción, lo que presenciamos fue un deslinde infructuoso: el propio expresidente fue vinculado a escándalos como "La Casa Blanca" y el costo político fue tremendo.

Durante aquel sexenio priista, el señalamiento de actos de corrupción de estos exgobernadores terminó siendo una prueba irrefutable de culpabilidad. La lección que Morena aprendió del PRI es que encarcelar puede equivaler a confesar, y esa es una lección que el gobierno actual ha decidido no repetir con el caso Rocha Moya. "Verdad, justicia y soberanía, en ese orden", llegó a manifestar la presidenta con respecto al gobernador en funciones de Sinaloa. Pues bien, parece que hoy ha decidido aplazar el momento un poco más, con tal de que no la salpique a ella directamente; seguir abrazando la soberanía con tal de no incurrir en el mínimo costo político.

¿Cómo se relaciona esto con el Mundial de futbol? En caso de haber asistido al partido inaugural en el Estadio Azteca, la presidenta se hubiera llevado una rechifla tremenda. En un estadio repleto cuyos boletos oscilaban entre los 15 y 200 mil pesos, era lógico que Sheinbaum estaría expuesta ante un público que está lejos de ser su base. La escena estaba puesta: la presidenta abucheada en el escenario más importante del momento, como primer signo de debilidad.

Sheinbaum decidió no acudir a la inauguración porque el costo político de ausentarse era bajo: fue muy fácil deslindarse del momento, enarbolando un discurso de austeridad. Decidió en cambio, sí ir a la final porque debe representar a México y en Estados Unidos no es el foco de atención; el riesgo de ser abucheada era muy bajo. La misma lógica —con sus matices— es aplicable al caso de Rocha Moya. Hoy decide contenerse y no ir contra el mandatario, porque hacerlo sería incurrir en un caso de culpabilidad personal; la presidenta lo respaldó junto a López Obrador. Entonces, decide esperar, elevar más la apuesta y seguir jugando con el discurso de la soberanía.

No obstante, mientras hoy parece que todo le ha salido bien a Morena y a la presidenta, estamos a la espera de ver qué tan caro resulta seguir aplazando los costos.

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