Morelia, Mich. | Asaid Castro/ACG.- Con una sonrisa que hace algunos años parecía imposible, Valeria vuelve a sostener la cuerda de la campana. Esta vez no hay agujas conectadas a su brazo ni quimioterapias esperándola al otro lado del pasillo. Hay aplausos. Sus padres la observan a un lado de ella y el sonido metálico vuelve a recorrer los pasillos del IMSS Madero, en Morelia. Es la segunda vez que la hace sonar, ahora frente a médicos, enfermeras y personal como símbolo de que la leucemia linfoblástica aguda de alto riesgo quedó atrás después de más de cuatro años de tratamiento.
A sus 15 años recibió un diagnóstico que le cambió la vida. Todo comenzó con un dolor en la pierna y la cadera. Parecía una molestia cualquiera. Después llegó el cansancio, la palidez y la dificultad para caminar. Su madre, Paola, recuerda que los analgésicos no resolvían nada y que solo unos estudios revelaron lo que realmente ocurría. Desde entonces aprendió una lección que hoy comparte con otros padres: ningún dolor persistente en un niño debe darse por normal.
«No es normal que manifiesten dolor y asumamos que se lastimaron. Hay que atenderlos», dice su mamá.
Valeria escucha en silencio. Ahora estudia Psicología, pero al recordar aquellos días todavía habla despacio. Dice que nunca le gustó escuchar la frase «échale ganas». Sentía que nadie entendía realmente lo que significaba pasar meses dentro de un hospital, soportar medicamentos, agujas, la caída del cabello y un cuerpo que poco a poco dejaba de parecer el suyo.
«No era una gripa, era una batalla por mi vida», resume.
Una segunda casa entre batas blancas del IMSS
Durante el tratamiento hubo momentos en que creyó que no saldría adelante. Una reacción severa a una quimioterapia la llevó a escuchar que probablemente podría morir. Ella recuerda haber pensado únicamente en seguir viendo a sus papás, a sus amigos y regresar a la vida que tenía antes del cáncer. Pero entre los pasillos del hospital encontró algo que no esperaba.
Las enfermeras comenzaron a llamarla por su nombre. Los camilleros le hacían más llevaderos los traslados. Las maestras del aula hospitalaria ocupaban parte de sus días. Poco a poco, el hospital del IMSS en Charo, dejó de ser únicamente el lugar donde recibía tratamiento.
«Fue mi segunda casa. Nunca me trataron como una cama o como un número. Me hicieron sentir que iba a estar bien», recuerda.
No todos los niños con quienes compartió esa etapa lograron tocar la campana. Muchos fallecieron durante el camino, según cuenta. Por eso insiste en que quienes hoy atraviesan un diagnóstico similar no se rindan. «Hay muchas personas que los aman. Hay que seguir luchando porque sí se puede.»
La campana que también habla de esperanza
En el Hospital General Regional No. 1 del IMSS, el área de OncoCREAN atiende actualmente a 52 pacientes pediátricos con distintos tipos de cáncer. Tan solo durante este año, 15 niñas, niños y adolescentes han concluido exitosamente su tratamiento y han podido tocar la campana.
La jefa de Pediatría, Rosario Contreras Legarreta, explicó que la leucemia linfoblástica aguda continúa siendo el cáncer infantil más frecuente y que, cuando existe diagnóstico oportuno, acceso completo a medicamentos y apego al tratamiento, la supervivencia alcanza alrededor del 80 por ciento.
El titular del IMSS en Michoacán, José Miguel Ángel Van-Dick Puga, señaló que historias como la de Valeria muestran que muchos tipos de cáncer detectados a tiempo hoy son curables gracias al trabajo del personal médico y al acceso continuo a los tratamientos.
