Morelia, Michoacán

Frente al Templo de Las Monjas, entre el ir y venir de fieles en Semana Santa, reaparecen las charamuscas o “coronitas”, un dulce tradicional que solo se elabora y vende durante Jueves y Viernes Santo, como símbolo de la corona de Cristo.

Agustín Viveros, artesano con más de 30 años en el oficio, explica que este dulce no responde a una lógica comercial, sino a la tradición: “es un dulce que se vende nomás para lo que es Semana Santa”, dice, mientras ofrece piezas de distintos sabores que hoy van del limón y la fresa, al tamarindo, chocolate o piña.

La elaboración mantiene un proceso artesanal: el azúcar se hierve hasta volverse caramelo, luego se trabaja sobre una superficie para después “azotarse” en una viga con clavo, repitiendo el movimiento hasta lograr la textura adecuada y formar las coronas que caracterizan este dulce.

Agustín, quien pertenece a la cuarta generación de dulceros, reconoce que el oficio se ha ido perdiendo con el paso del tiempo; antes, recuerda, eran muchos más los puestos y se encontraban en distintos templos de la ciudad, hoy apenas unos cuantos resisten.

“Es una tradición que se está perdiendo… tratamos de que no se pierda, que las nuevas generaciones continúen”, comparte, mientras su hija lo acompaña en el puesto, como parte del esfuerzo por mantener viva la herencia familiar.

Así, entre azúcar, calor y manos que no dejan de moverse, las charamuscas sobreviven un año más, aferradas a dos días en el calendario y a la memoria de una ciudad que aún las reconoce como parte de su Semana Santa.