Morelia, Michoacán/Asaid Castro/ACG
Sobre el corredor del Nigromante, la escena se repite. De las ramas de los árboles cuelgan jaulas de madera adornadas con tiras naranjas de cempasúchil. Abajo, ajeno a los turistas que se detienen a tomar fotos a las esferas con forma de cráneo, un perro duerme sobre la banqueta. Unos metros adelante, en la Biblioteca Pública, el personal de jardinería retira la hierba para colocar las macetas que tapizan los jardines de naranja.
«Llevamos desde temprano montando los arcos y arreglando las jardineras; la idea es que todo quede listo porque en estos días la gente abarrota el centro», comenta uno de los trabajadores municipales, enfundado en su chaleco verde mientras acomoda la tierra.
Montajes a toda marcha antes de las noches fuertes
A lo largo de la Madero, los balcones de los edificios lucen tiras de papel picado que cuelgan hacia la calle. En la Plaza de Armas, frente a la Catedral, se levantaron arcos de madera tapizados de flor por donde la gente camina de paso hacia el transporte o la comida. Los altares y la escenografía en el quiosco ya están a la vista de todos.
Hacia la Calzada de Fray Antonio de San Miguel y el área de Villa Longín, regresaron las figuras de perros esqueleto entre los jardines adornados, mientras que un túnel de listones de colores marca el camino hacia cráneos monumentales rumbo al templo de San Diego. Con este despliegue en las plazas públicas, Morelia arranca de manera formal sus actividades previas a la Noche de Muertos, del 23 de octubre al 2 de noviembre.
El sol de mediodía cae de lleno sobre la avenida Madero. A diferencia de otros días, el ruido habitual del tráfico y los camiones urbanos se mezcla ahora con el olor a flor fresca y el movimiento de trabajadores que van y vienen montando estructuras. En el Jardín de las Rosas, a un costado de las mesas de los restaurantes, un esqueleto gigante de plástico descansa sobre la piedra, obligando a los peatones a esquivarlo para pasar.