Una ruptura amorosa puede generar algo más que tristeza: aislamiento, baja autoestima y una sensación de vacío difícil de explicar. Para el psicoanalista Carlos Domínguez Rocha, el problema muchas veces no es sólo la separación, sino las expectativas que depositamos en la pareja.
“Cuando amamos, ponemos en el otro lo más valioso de nosotros. Si se va, sentimos que también se lleva esa parte”, explica.
El especialista señala que el enamoramiento suele idealizarse. Cuando la realidad no coincide con esa imagen, aparecen frustraciones, autorreproches y una sensación de pérdida que puede acumularse con experiencias pasadas.
Las redes sociales también influyen. La constante exposición a parejas “perfectas” genera expectativas poco realistas y menor tolerancia a los conflictos normales de cualquier relación.
¿La recomendación? Reencontrarse antes de intentar llenar el vacío con otra persona. Retomar actividades, fortalecer el autoconocimiento y, si es necesario, acudir a terapia.
“Ir a terapia es aprender a escucharse de verdad”, señala. Porque sanar una herida amorosa no significa recuperar lo que se fue, sino reconstruir lo que uno es.