Morelia, Michoacán/Fotos: Asaid Castro/ACG

Después de un día largo, de esos que dejan la ciudad con el pulso acelerado por las manifestaciones, el cielo sobre Morelia empezó a cambiar sin hacer mucho ruido.

Eran poco antes de las seis y media cuando la luz comenzó a colarse entre las nubes, primero en tonos claros, casi blancos, como si apenas se asomara. Abajo, la ciudad seguía en lo suyo, pero arriba ya se estaba armando otra cosa.

Los colores fueron llegando por partes. Azules que se hacían más profundos, naranjas que se extendían sobre las fachadas, rojos que se quedaban suspendidos unos minutos y, de pronto, pinceladas violetas y rosas que tomaban el cielo.

Las farolas encendiendo dibujaban siluetas, la gente se convertía en contraluz y entre hojas, cables y cornisas, la luz se formaban marcos naturales.

No hizo falta detener la ciudad, pero sí bastó con levantar la mirada. Por unos minutos, el cielo se encargó de aflojar el día.