Joaquín Xirau solía decir que en México había descubierto a España

Liliana David, colaboradora La Voz de Michoacán

En la mañana del 10 de abril de 1946, el filósofo catalán Joaquín Xirau (Figueras, Gerona; 1895) se dirigía a impartir sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM cuando fue atropellado por el tranvía que circulaba cerca de la Ribera de San Cosme, en la Ciudad de México.

El trágico accidente puso punto final a la vida del pensador, que apenas contaba con 51 años. Concluía así, en el infortunio, su breve exilio mexicano que duró solo siete años; aunque fueron años muy fructíferos porque en México encontró las condiciones adecuadas de libertad de pensamiento.

Xirau era en ese momento una de las figuras más eminentes del exilio filosófico español, como habría de reconocer Adolfo Sánchez Vázquez, otro de aquellos exiliados, en un homenaje póstumo que se le hizo al autor de la memorable crónica Por una senda clara, en la que Xirau narra su salida de España, cruzando la frontera hacia Francia, al final de la guerra civil, en 1939, junto al poeta Antonio Machado y otros destacados españoles.

En 1940, seis años antes de su desventurada muerte por aquel accidente, el filósofo había visitado la ciudad de Morelia por primera vez para participar en los cursos académicos de la Universidad de Primavera Vasco de Quiroga.

La oportunidad se dio de manera casual. María Zambrano no había podido volver de Cuba para ofrecer el curso dedicado al relevante tema del amor que había sido previsto el año anterior durante su breve paso por la ciudad. Así que Juan Xirau, quien era farmacéutico y profesor de la Universidad Michoacana, convenció a Alfonso Reyes de que su hermano Joaquín era la persona indicada para impartirlo en el lugar de «la dama peregrina».

Jugaba en su favor el que hubiera dictado en 1937 una conferencia en la Sorbona de París que daría lugar a su libro El amor en la percepción de los valores, y que, para la primavera de 1940, tenía consigo el borrador de la versión final de Amor y mundo, otra de sus obras, la cual publicaría en 1943 bajo el sello editorial de la Casa de España, antes de que ésta se convirtiese en el Colegio de México algunos años después.

A manera de prefacio del que se considera su más importante estudio filosófico, el propio Joaquín Xirau escribía: «El tema del amor es clásico. La vida íntegra de nuestro espíritu se desarrolla en un ámbito de amor. Si suprimimos el amor desaparece su historia. La literatura, el arte, la filosofía, la religión… la cultura entera que impregna nuestra alma tiene su raíz más profunda y halla su última culminación en los anhelos de la vida amorosa».

A decir del historiador Gerardo Sánchez Díaz, tal como anota en su libro La presencia del exilio republicano español en la Universidad Michoacana, el filósofo culminó su primera lección impartida en Morelia «con un conjunto de reflexiones en torno a los procesos de crisis en el amor en el siglo XX, como reflejo de la desigualdad social y económica, y motivados por las contradicciones políticas que generaban las tensiones de un mundo en guerras constantes.

Para el filósofo catalán, las confrontaciones bélicas que se vivían en Europa y en otras partes del mundo eran el reflejo de la crisis de valores espirituales ante la ausencia del amor. Sostenía que la única vía para recobrar la armonización en la vida humana residía en el fomento del amor por el conocimiento a través de la educación y la cultura».

Como ya señalé, Adolfo Sánchez Vázquez, quien había sido alumno de Xirau en la Universidad de Barcelona, le dedicó unas elogiosas y justas palabras a su maestro durante la conmemoración que le hizo la UNAM en el centenario de su nacimiento (1895-1995). En ellas, refirió que la obra más importante que nos había legado Xirau era sin duda Amor y mundo, un libro en el que el filósofo mostraba a los estudiosos y lectores el significado y la esencia del amor a través de su papel central en el desarrollo de la cultura y la vida humanas.

Con esa obra, Xirau daría paso a su antropología del amor, de raíces platónico-cristinas, sobre la que giraba su concepción de la realidad y los valores. Por su parte, Ramón Xirau, quien llegó a México en 1939 cuando apenas era un niño que acompañaba a sus padres -Pilar Subías y Joaquín Xirau-, escribió, tras la muerte de su padre, sobre la importancia de su legado filosófico y, particularmente, de sus disertaciones en torno al concepto del amor, las cuales aparecieron en un contexto de crisis humana y en medio de un mundo roto como el que hoy vuelve por desgracia a interpelarnos. «Al hablar aquí de amor –aclaraba Ramón– no hablamos del amor pasión ni de un sentimiento irracional. Se trata del amor que lleva consigo respeto, lucidez, afecto, claridad». Porque como le gustaba pensar a su padre: el amor es claridad y luz.

La labor de Joaquín Xirau como filósofo, humanista y pedagogo se centró en el esclarecimiento de la función de la actividad amorosa en la percepción, el conocimiento y la estimación de las personas y las cosas que nos rodean, así como en la organización del mundo en que vivimos y en la orientación de la realidad y de la vida, como él mismo pensaba.

Gracias a su participación en los cursos de la Universidad de Primavera Vasco de Quiroga, Xirau recibió el nombramiento de profesor honorario de la Universidad Michoacana, lo que le permitió colaborar en otras actividades de la institución. Así, en 1941 fue invitado por segunda ocasión a la Universidad, esta vez gracias al rector Victoriano Anguiano, quien le pidió que participara en el segundo ciclo de la Universidad de Primavera para reflexionar sobre El primer imperio. España y América, así como también para desgranar un mapa de España y la Europa Contemporánea.

De acuerdo con el relato y testimonio de su hijo Ramón, quien falleció en julio del 2017, Joaquín Xirau «solía decir que en México había descubierto a España. Este descubrir significaba acordarse de, y recordarnos a todos, del humanismo de la edad clásica que se prolongaba en una línea de pensamiento cuya expresión moderna podría encontrarse, entre otras instituciones, en la Institución Libre de Enseñanza. No le interesaba ni conquista ni imperio. Le interesaba la tradición humanista en México: Vasco de Quiroga en primer lugar».

Finalmente, en enero de 1942, por tercera y última vez, dictó en el Aula Mayor del Colegio de San Nicolás unas lecciones que abordaron los problemas de la realidad universitaria. Ahí, el filósofo hizo un amplio repaso de los diversos modelos de las instituciones universitarias como centros de búsqueda y transmisión del saber, desde la Antigüedad hasta el siglo XX.

En dichas conferencias, que fueron publicadas en la revista bimestral de la Universidad Michoacana bajo el título «El problema de la Universidad», Xirau apuntaba al papel que debía tener la enseñanza de la Filosofía como uno de los ejes humanísticos en la formación de los estudiantes universitarios.

Plasmó un argumento tan necesario y urgente para nuestros días como el que aquí cito: «La Filosofía nutre con su sabia a las ciencias y a las profesiones y éstas a su vez nutren con la suya a la Filosofía. De esta suerte se teje el destino de la cultura y de la Universidad cuyo más puro sentido es formar hombres. La Universidad sin Filosofía es como un árbol sin tronco y sin las ciencias y las profesiones es como un árbol sin ramas. […] El fin que ha de mover a la Universidad, al hacer científicos y formar profesionistas, es el de crear verdaderos hombres, capaces de hacer que la vida humana, individual y colectiva, se haga cada vez más verdadera, más bella, más justa, más buena». Hoy nos encontramos muy lejos de este pensamiento, caminando en sentido contrario a esa idea de amor que, para Xirau, era una auténtica vía de humanismo, de convivencia multicultural y de tolerancia en el mundo.

Liliana David es Doctora en Filosofía por la UMSNH. En 2001, comenzó su trayectoria como periodista cultural en los principales diarios del estado (Provincia, Sol de Morelia y La Jornada Michoacán). Del 2006 al 2013, fue reportera de la sección de cultura en La Voz de Michoacán y, tras siete años de diarismo, inició sus estudios de posgrado en la Maestría en Filosofía de la Cultura de la UMSNH, participando en Congresos y Seminarios internacionales tanto en México como Argentina y España. Desde el 2021, colabora en larevista española Contexto (Ctxt) y en Diario Red. Ha publicado en el libro colectivo Ctxt, una utopía en marcha, editado bajo el sello de Escritos Contextatarios. Actualmente, tiene interés en la investigación de las relaciones entre la literatura y la filosofía, la identidad y la migración, así como en la divulgación del pensamiento a través del periodismo.