Sus poemas permiten vivir la ciudad de Morelia: plazas, jardines y edificios de cantera rosa emergen con claridad, como si fueran visibles solo a través de su mirada poética
Rafael Calderón, colaborador La Voz de Michoacán
Cuando en Morelia preguntan: “¿Quién es José Mendoza Lara?”, los conocedores de cultura y tradición literaria responden sin titubeos: es el editor de las letras michoacanas, profesor de la Universidad Michoacana y artífice de la colección Fenomenología, que convierte la filosofía contemporánea en presencia tangible mediante el lenguaje y la ensoñación artística.
Su labor editorial ha trazado un rumbo preciso para los primeros años del siglo XXI, definiendo la dirección literaria desde Morelia con singular firmeza y visión. Su impulso editorial ha persistido durante décadas, guiado por proyectos surgidos de la independencia creativa y del deseo de potenciar la poesía: primero la revista Pireni, luego Chispa, después Jitanjáfora y finalmente la revista Utopía.
El proyecto que ha definido sus últimos veinte años es Jitanjáfora Mº Editorial, realizado con el gozo del trabajo manual y el rescate de los oficios tradicionales de tipografía y encuadernación, dignificando a quienes crean y producen en el ámbito del libro.
Como poeta, Mendoza Lara tiene una trayectoria vital y clara. Su obra bebe tres fuentes esenciales: inicia con la presencia de Alfonso Reyes y su espíritu jitanjáforo; por la poesía de Octavio Paz y se extiende a la tradición ensayística; y José Emilio Pacheco, su maestro, quien le enseñó a consolidar la obra poética bajo un solo título. Otros autores, mexicanos y extranjeros, como Hölderlin, también han dejado huella en su sensibilidad y en su lenguaje poético.
El lector de Poemas membrillo reconocerá su compromiso con la palabra y la emoción. Allí florecen recuerdos juveniles, erotismo, memoria de la ciudad y su arquitectura, capturada en la “ciudad de argamasa y piedra”. Sus poemas permiten vivir la ciudad de Morelia: plazas, jardines y edificios de cantera rosa emergen con claridad, como si fueran visibles solo a través de su mirada poética. Es ejemplo de esfuerzo editorial, disciplina literaria y responsabilidad universitaria.
Su Antología de textos de literatura latinoamericana constituye un testimonio pionero: estructura la enseñanza de literatura mexicana y latinoamericana, desde criterios metodológicos sólidos, seleccionando autores y textos con cuidado y combatiendo la marginación de la literatura en nuestro medio. Con esta antología logra vincular a los lectores con autores contemporáneos, estimular el placer de la lectura y honrar la diversidad literaria de Nuestra América, incluyendo veinticinco autores del siglo XX, desde Paz hasta Martínez Ocaranza.
Quien quiera conocer al verdadero poeta que es Mendoza Lara puede leer sus Poemas membrillo, explorar los catálogos de Jitanjáfora Mº Editorial o consultar el Diccionario de autores michoacanos. Su labor refleja fineza, exactitud verbal y dinamismo, a la vez que mantiene profunda conexión con la tradición hispánica y la vida cultural de Morelia.
En 2019, al cumplir setenta años, su nombre se identifica con tres facetas: editor, poeta y profesor universitario. Su poesía revela un ideario lírico y una personalidad única y percibirlo en carne y espíritu: un cabello desaliñado, barba prominente y una risa contagiosa que se expande entre la poesía y el editor.
El término jitanjáfora, acuñado por Reyes, da nombre a su editorial y simboliza su pasión por el idioma, la poesía y la vida. Sus poemas celebran el lenguaje, el erotismo, el amor y la ciudad misma. Desde 2000 ha reunido casi todos sus versos en Poemas membrillo, consolidando un estilo personal que combina vanguardia y antipoesía.
Su homenaje a Martínez Ocaranza, con versos como los de “Pórtico”, revela aprecio sincero, cuidado y respeto literario. Cuando Pacheco, en 1992, dio la bienvenida a la edición póstuma de Vocación de Job, Mendoza Lara escribió su pórtico, reconociendo la luz propia de Pacheco, pero también la imponente amistad hacia Martínez Ocaranza, dedicándole versos que reflejan cercanía y respeto.
Después del pórtico, la tensión poética de Ciudad de argamasa y piedra sitúa a Morelia como centro cultural y literario. Él celebra la ciudad como tiempo fragmentado: puede ser juiciosa y condenatoria, pero también cálida, humana y recompensadora. De manera similar a lo ocurrido entre Pacheco y Juan José Arreola, su afecto hacia Martínez Ocaranza implica tensión generacional: aprecio que es también desafío y aprendizaje.
La visión de Morelia es singular. Sus poemas se diferencian de los romances de Tomás Rico Cano o de las elegías de Martínez Ocaranza. Él nombra la ciudad como quien la vive intensamente, quien siente la lluvia de verano y la transcribe con imaginación; la homenajea y la crítica al mismo tiempo, mostrando armonía y ruptura, vida cotidiana y bullicio, silencio urbano y resonancia lírica:
Es una ecuación evidente,
reducible a la intemperie,
reducible a la desesperación
de los cuerpos descarnados
y al aumento de los precios del mercado,
reducible a la superflua lluvia en el verano,
y a sus pájaros desplumados,
a un símbolo, a un signo
degradado por la demagogia.
Y la disidencia.
En Algo sobre las piedras, recuerda la vitalidad de lo cotidiano y la filosofía de lo simple:
Dondequiera encuentras piedras.
Te rodean toda la vida.
En lo más alto y en lo más hondo,
en medio también hay piedras.
Duras piedras de corazón ligero.
Tomas una y te da las gracias
por todos los vértices con su peso.
Las piedras son distintas unas de otras,
pero comparten todas
la cualidad sencilla
de su corazón de fuego.
Míralas detenidamente:
siempre sonríen.
¿Cuándo las ponemos en la honda?
Cantan y se parecen a los pájaros.
El verso evidencia su búsqueda de expresión personal: ironía, juego verbal y múltiples significados se combinan con interioridad filosófica, elegías y símbolos. Los pájaros, las piedras, la ciudad y el tiempo nocturno se convierten en metáforas de su ritmo y musicalidad. Su poesía integra amor, erotismo y observación cotidiana, reflejando la libertad del lenguaje y la transparencia de sus imágenes:
Entonces
mi ciudad de argamasa y piedra
se declina, conjuga y nombra.
En todos los casos,
los tiempos y concepciones…
La nostalgia por las plazas y el goce de la ciudad se combinan con la movilidad del lenguaje y la repetición misteriosa de sus palabras. Los pájaros, presentes y silenciosos, constituyen una belleza natural que lo acompaña:
Son pocas las ciudades
que dan sustento a los pájaros.
A las cosmogonías y los prófugos
que caen del cielo…
La unidad de su obra poética, dividida en cinco volúmenes bajo Poemas membrillo, permite apreciar la coherencia de sus metáforas y la riqueza de su lenguaje. Él no busca ser un poeta público; prefiere ser leído por quienes valoran la descarga de sonidos, ritmos y ecos que caracterizan su escritura. Desde los primeros intentos en los años setenta hasta hoy, su poesía se distingue por la exploración del lenguaje, el sarcasmo, el erotismo y la seducción, consolidando una personalidad literaria única y reconocible en Morelia y más allá.
Todo en José Mendoza Lara tiene que ver con su labor de editor, sin abandonar el secreto de la escritura: sus poemas y su diario de lecturas registran todo lo que observa y reflexiona. Estas lecturas son su brújula: revelan de dónde viene y hacia dónde se dirige, marcando la etapa axial de su obra. Su poética, cercana a lo inédito, comienza a mostrarse con firmeza, desde 1980 y es la consolidación del título Poemas membrillo. Cada revisión refuerza la intensidad expresiva de sus imágenes y la riqueza de su lenguaje, donde el juego, la ironía y los significados ocultos de la vida cotidiana propician la revelación de una realidad a la que se accede mediante recursos “antipoéticos”: humor, ternura, visceralidad ontológica y comprensión profunda de la condición humana y representa a su generación finisecular de sus contemporáneos.
Para recordar que José Mendoza Lara nació en Ciudad Camargo, Chihuahua, el 19 de marzo de 1949. Llegó a Morelia para estudiar el bachillerato en la Universidad Michoacana y nunca se desprendió de la ciudad ni de su universidad. Su obra, realizada íntegramente allí, lo consagra como poeta, ensayista, editor, tipógrafo y profesor universitario, con un lugar destacado en la cultura michoacana. Tempranamente impartió clases de Etimologías griegas y latinas y de Literatura mexicana y latinoamericana en el Colegio de San Nicolás de Hidalgo y en la Preparatoria “Pascual Ortiz Rubio”. Pero donde dejó su huella más profunda fue en la Preparatoria “Isaac Arriaga”, colaborando más de treinta años en antologías y recopilaciones de lectura para la enseñanza de la literatura nicolaita, michoacana, mexicana y latinoamericana.
En la actualidad dirige, junto con Laura Eugenia Solís, la Editorial Jitanjáfora, donde han publicado más de un centenar de libros de creación literaria y divulgación cultural, principalmente poesía. Coordinaron el Seminario Permanente de Autores Michoacanos, con 35 sesiones y la edición especial del Epítome para cada uno de esos autores, registrando la primera base firme del Diccionario de autores michoacanos. Mientras que su poesía se ha publicado bajo el título Poemas membrillo, con la primera edición por la Universidad Michoacana en 1980.
En 2000, Jitanjáfora la reeditó en cinco volúmenes: I: Mundanal grandeza, Riesgos del oficio, La fácil quiebra de la salud y Suave pétrea; II: De la forma, del fondo y de la falda, Poema endocrinológico, El poder de los epígonos, La intemperie, Al declinar la adolescencia; IV: Pájaromaquia; V: Ciudad de argamasa y piedra. Sus poemas han sido antologados en Continuación del Canto (Gaspar Aguilera Díaz, 1990), Los poetas van al cine (Ángel Miquel, 1997), Los nombres y las letras (José Antonio Alvarado y Leonarda Rivera, 2007) y Breve antología de poesía erótica (Gaspar Aguilera Díaz, 2008). Ha editado boletines y coordinado comisiones universitarias, además de publicar en revistas y periódicos nacionales y locales, consolidando una actividad cultural que beneficia a Morelia y al estado de Michoacán.
La edición del Diccionario de Autores Michoacanos (2012) corona su trabajo de dimesiones que están por confirmarse y Gaspar Aguilera Díaz, poeta y amigo personal, afirma que “es una tarea verdaderamente admirable y agradecible en tiempos donde la situación de la cultura y del libro es cada vez más complicada. Este trabajo de tantos años ha impulsado a los autores mexicanos y michoacanos” y de jitanjáfora resalta su “concepto distinto de la cultura del libro, desarrollado con generosidad y visión incluyente, celebrando la creación, la reflexión y la crítica”.
Y, decir que finalmente. José Mendoza Lara mantiene vigente el cuidando de cada libro tipográfico, labrando manualmente la encuadernación y proponiendo una nueva cultura del libro en Morelia. Por su labor editorial y poética sitúa su nombre de manera inconfundible en la historia cultural de la ciudad, del estado y del país.
Rafael Calderón (Morelia, Mich, 1976). Ha publicado poesía y ensayo. Es autor en ensayo de Pablo Neruda en Morelia (2024) y en poesía Recuento de Estos días (2024) y tiene en proceso de edición El turno y la presencia. 200 años de poesía en Michoacán 1825-2025, por Centzontli Pájaro de cuatrocientas voces.