Imaginemos, qué es de nosotros en este mundo caótico, donde el egoísmo motivado por el capital se da a la tarea de implantar la competencia constante, donde la edad y la experiencia importan más que nada

Daniel Hurtado, colaborador La Voz de Michoacán

“Ningún animal con una extremidad inferior rota, se cura en soledad. Una fractura soldada en el fémur, evidencia, que alguien más estuvo ahí para cuidar”

Margaret Mead

Es sencillo imaginar un mundo idílico: donde todos, todas y todxs nos respetemos, donde aquellos capitales y habitus propuestos por Bourdieu (1990: 7-9) no existan. Sin embargo, sí existen. A pesar de eso, algunos creativos tienen una manera muy poderosa de responder a las catástrofes que nos habitan, como se puede apreciar en las páginas de Fémur. Proyecto de estrellas de Juan H Vera y Yamil Velop.

Hoy podemos nombrar otras posibilidades de cuidados, y quiero pensar en este llamado desde esta obra de ficción que escribe la ternura. Bastarían unos cuantos versos, estrofas, renglones, párrafos o ilustraciones para mostrar el grado contestatario en el que sólo unos cuantos viven y escriben. Muestra, además, un testimonio directo pero muy sintomático en el ejemplo de aquellos seres vivos que apreciamos como inferiores y que distan de serlo. Son todo lo contrario, una luz, una esperanza.

            ¿Cómo se escribe desde la ternura? ¿Cómo la escriben los escritores e ilustradores? ¿Cómo lo hacen en ambas condiciones? No se necesita publicar en soledad muchas obras para escribir una obra maestra. Sí, desde luego, es, puede ser, un vehículo de transformación presente en una obra literaria. Sabemos que una experiencia lectora se enriquece y complementa con ilustraciones, pero todo este conjunto, aquí, incluye a la ternura como arma y a la empatía como escudo, que son un verdadero acto de amor. La ternura, te propongo, lector, debe ser vista como fotograma de una película perdida, pero cuya pérdida nos permita imaginar mundos posibles.

            Imaginemos, qué es de nosotros en este mundo caótico, donde el egoísmo motivado por el capital se da a la tarea de implantar la competencia constante, donde la edad y la experiencia importan más que nada. Los que viven de su trabajo, los que viven con privilegios, los que lo viven en penurias y los que no; todos ellos en un círculo lo suficientemente reducido para reproducir mandatos y no aspirar a otras formas de apoyo y cuidado recíproco, haciendo de ese su mundo, ya sea por defensa propia o convicción de un deber ser oscuro.

Fémur abre con una cita de El Eternauta: “El único héroe válido es el héroe ‘en grupo’, nunca el héroe individual”, desde ahí nos encontrarnos con ese pilar que sostiene lo dicho anteriormente, y constantemente se reafirma esta constelación de cuidado desde lo colectivo, desde el amor y la reciprocidad.

En efecto, como nos lo hace ver la filosofía y la sicología: ser otro para sí mismo es asunto fundamental. Aunque nos acerque a pensar como Paul Ricoeur (1996), creo fervientemente que narrarnos de maneras diversas, pero fieles a lo que creemos, sí nos lleva al cambio colectivo. Frente a los casos de egoísmo, las armas de ternura, como en este maravilloso libro que nos obsequia Cuarta República, llegan a dar fin con su giro a ese malestar que afecta a la colectividad y sólo unos cuantos se atreven a cambiar.

Ahí es entonces cuando el misterio de la literatura y su magia hacen lo suyo. Como diría el maestro José María Espinasa “la mano, por más firme que sea, en el acto mismo de tomar, cambia lo mirado y cambia la mirada”. Por eso al leer “En alguna ocasión oí decir a mis padres que las aves parten en parvada con/ el propósito de protegerse entre ellas, para abordar el trineo de aire, el viento/ arrastrado por los perros polares de aliento azul”, pienso en esas genealogías que siembran una semilla donde creemos que no puede haber modificaciones, pero que, a través del acto de unión y amor, podemos llegar mucho más allá, compartiendo con los habitantes del futuro o del pasado nuestra ternura.

“Las termitas se juntan para levantar ciudades

subterráneas que las aparten de la supremacía de la

 luz, como cuando de niños construíamos, bajo

 techos de sábana, mundos alternos con las figuras

 sin contornos que dejaba la oscuridad. Es ceguera el

 faro desolado de las costas, sirve de horizonte solo

 para algunas especies”.

Reconocer la vulnerabilidad, es también un rasgo de relaciones históricas de poder que no implica negar la necesidad de protección; al contrario, significa desplazar la necesidad de protección del terreno de la simple tutela de unos cuantos. Cuidar no sólo es resguardarnos de peligros, sino mantener la humildad suficiente para saberse imperfecto. Fémur muestra que sólo cuando se cuestiona la trama del egoísmo ligado al poder del capital y la soberbia intelectual es posible pensar en una infancia, en una vida menos expuesta a la violencia simbólica, para intervenir en la construcción de nuestro propio destino.

Daniel Hurtado (Morelia, 1996). Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UMSNH. Realizó una estancia académica en la Universidad de Matanzas, Cuba. Es autor de No soy el único Los libros del perro, (2024) y coordinador de Entalpía: muestra de poesía (2022), antología que reúne las voces de más de treinta poetas jóvenes michoacanos.