Aquellos humanos tallaron en las paredes de las cuevas, herramientas y figuritas de marfil, hueso o cuerno secuencias de signos, a menudo líneas repetidas de muescas, puntos y cruces, cuyo significado se desconoce pero que podrían haber usado para transmitir información y registrar sus pensamientos.

Redacción Ciencia.- Los primeros humanos modernos de Europa central, hace unos 40.000 años, tallaron secuencias de signos, un nivel de complejidad y densidad de información comparable a la primera escritura protocuneiforme de la antigua Mesopotamia.

Aquellos humanos tallaron en las paredes de las cuevas, herramientas y figuritas de marfil, hueso o cuerno secuencias de signos, a menudo líneas repetidas de muescas, puntos y cruces, cuyo significado se desconoce pero que podrían haber usado para transmitir información y registrar sus pensamientos.

Investigadores encabezados por la Universidad del Sarre (Alemania) analizaron más de 3.000 signos geométricos en 260 objetos asociados con la cultura auriñaciense, de hace entre 43.000 y 34.000 años, y publican los resultados en PNAS.

El objetivo no era descubrir su significado concreto, sino analizar las tendencias de frecuencia y los aspectos tangibles y medibles de los signos, para analizar qué tienen en común con los sistemas posteriores y en qué se diferencian.

Los análisis demuestran que esas secuencias de signos no tienen nada que ver con los sistemas de escritura actuales, pero sugieren que los cazadores-recolectores europeos del Paleolítico desarrollaron un sistema de símbolos con una densidad de información estadísticamente comparable a la de las primeras tablillas protocuneiformes de la antigua Mesopotamia, que aparecieron 40.000 años más tarde.

Los artefactos se remontan a decenas de miles de años antes de los primeros sistemas de escritura, a la época en que el Homo sapiens abandonó África, se estableció en Europa y se encontró con los neandertales

Muchos fueron descubiertos en cuevas del Jura de Suabia (Alemania), como un pequeño mamut tallado a partir de un colmillo y en el que un humano de la Edad de Piedra talló filas de cruces y puntos.

Otro de los objetos, conocido como el Adorante, es una placa de marfil de mamut descubierta en el valle de Ach, que representa una criatura híbrida entre león y humano y está adornada con filas de puntos y muescas.

“Nuestra investigación nos está ayudando a descubrir las propiedades estadísticas únicas —o huella estadística— de estos sistemas de signos, que son un precursor temprano de la escritura”, señaló el investigador Christian Bentz, citado por la Universidad del Sarre.

El Jura de Suabia es una de las regiones donde se han encontrado con mayor frecuencia objetos con este tipo de signos, pero también hay en otras regiones herramientas y esculturas del Paleolítico con este tipo de secuencias de signos intencionadas.

Para su investigación, el equipo digitalizó las secuencias de signos en una base de datos, que luego utilizó para evaluar las propiedades estadísticas de los inventarios de signos de la Edad de Piedra.

"Debido a la alta tasa de repeticiones y a la alta previsibilidad del siguiente signo, pudimos demostrar que la entropía —una medida de la densidad de la información— es comparable a la del proto-cuneiforme, que apareció mucho más tarde", dijo Bentz.

La capacidad humana para codificar información en signos y símbolos se desarrolló a lo largo de muchos miles de años y “la escritura es solo una forma específica dentro de una larga serie de sistemas de signos”.

El equipo estimó que los humanos de la Edad de Piedra probablemente tenían capacidades cognitivas similares a las nuestras, como las de registrar y transmitir información a otros, que es posible que les permitiera coordinar grupos o les ayudara a sobrevivir.