Tarímbaro, Michoacán.- Tarímbaro, el pulque no es solo una bebida; es un legado que ha pasado de generación en generación. La familia de Fidel Pérez lleva más de un siglo promoviendo esta bebida ancestral, manteniendo viva una tradición que forma parte de la identidad del municipio.
“Yo soy nativo aquí de Tarímbaro, ya tengo una vida entera en el medio del pulque promoviendo el pulque. Podría presumir de que somos la familia más antigua en el medio desde mi abuelo, mi papá y ahora yo, y pues creo que rebasamos más de 100 años promoviendo el aguamiel.”
La producción de pulque en Tarímbaro ha tenido que adaptarse a los cambios de la región. El maguey silvestre prácticamente ya no existe, por lo que ahora los productores cultivan sus propias plantas para continuar con la tradición.
El pulque de Tarímbaro tiene características únicas. Su aguamiel es blanca, líquida y ligera, diferente a la consistencia más viscosa que se encuentra en otras regiones.
“Lo que caracteriza el aguamiel de esta región es que sí es muy líquida; en otros lugares es muy viscosa.”
El momento de la cosecha influye directamente en el sabor del pulque. La bebida de la mañana es más fresca y buscada, mientras que la de la tarde, expuesta a la luz del Sol, se vuelve un poco agridulce.
El consumo del pulque también está ligado a las festividades. Durante la Cuaresma y especialmente el Viernes Santo, la bebida se vuelve protagonista en las calles de Tarímbaro.
“Las fechas de mejor venta para el pulque son justamente en Cuaresma y el Viernes Santo; por las calles de Tarímbaro llega mucha gente y hay buena venta.”
Para Fidel, mantener viva esta tradición no tiene que ver con enriquecerse, sino con preservar la cultura y el oficio familiar.
Así, el pulque de Tarímbaro sigue siendo mucho más que una bebida: es historia, cultura y sabor que se transmite de generación en generación, un legado que conecta a la comunidad con sus raíces y mantiene viva la identidad de la región.