TRANSFORMANDO 

Cada vez que cae un capo repetimos el mismo guion, una narrativa simple, nació malo, eligió el mal, un caso aislado y así descansamos tranquilos, convertimos el problema en una persona y cerramos el expediente moral del país, con una explicación tan cómoda como falsa.

Nadie nace criminal, ni sicario o extorsionador o líder de un cartel, la pregunta incómoda no es cuán perverso fue un líder del crimen organizado, la pregunta debe ser estructural y es otra: ¿qué tuvo que fallar durante años —y sigue fallando hoy— para que ese destino fuera posible?

México no solo combate criminales, también los permite, llevamos décadas produciendo historias de violencia que después se combaten con espectacularidad mediática, nos indignamos cuando un joven empuña un arma, pero guardamos silencio cuando abandona la escuela, nos escandaliza el capo, pero no el niño que sin oportunidades lo precedió.

La impunidad en el país supera el 90% en la mayoría de los delitos, eso significa que el mensaje real del sistema es brutalmente claro: delinquir es altamente rentable y poco castigado, en educación media superior, el abandono escolar ronda el 10% a nivel nacional, pero en zonas con fuerte presencia criminal la deserción juvenil es mucho mayor, más de 30 millones de personas sobreviven en la informalidad y casi la mitad del país vive en pobreza o vulnerabilidad.

Cuando el Estado no garantiza educación sólida ni justicia efectivadeja espacios y no permanecen vacíos, el crimen organizado los ocupa con eficiencia: ofrece ingresos donde no hay empleo, identidad donde hay abandonopertenencia donde hay fractura socialpoder donde hay ausencia institucional, en algunos lugares sustituye al Estado.

Reducir todo a “maldad individual” es la forma más cómoda de evadir responsabilidades políticas, porque entonces no hay que revisar presupuestos, ni estrategias de seguridad fallidas, ni sistemas educativos que expulsan jóvenes, ni fiscalías que no investigan, ni gobiernos que presumen discursos mientras los territorios siguen bajo control criminal.

La línea no se cruza de un día para otro, se erosiona cuando la corrupción pequeña es tolerada, y la impunidad es cotidiana, cuando se administra el problema en lugar de transformarlo; durante décadas se ha prometido atacar las causas, pero los datos muestran que la violencia no desapareció; se redistribuyó y miles de jóvenes crecen en entornos donde el crimen ofrece más certezas que el Estado.

Falló la educación que no retiene, falló la justicia que no castiga, falló la política que prioriza narrativa sobre resultados y seguimos fallando cuando celebramos cada operativo como solución definitiva, si el terreno sigue fértil, será un caldo de cultivo y entonces habrá reemplazo, porque siempre lo hay.

El debate serio es por qué el país sigue generando condiciones para que el siguiente líder esté formándose ahora mismo, si no corregimos las raíces —educación efectiva, instituciones que funcionen, Estado con autoridad real en todo el territorio— seguiremos atrapados en el mismo cicloindignación públicaoperativo espectacularsustitución silenciosa.

Entonces la pregunta directa¿Quién asume la responsabilidad de que el próximo no esté creciendo hoy bajo un Estado que durante décadas en campaña promete mucho… y llega tarde?

POSDATA

..¿porque no presentar una reforma electoral que convenga al país, antes de convenirle a los partidos?..

Es tiempo de los ciudadanos …. ¡¡¡¡ que no fallamos!!!!

​​​​​​​​​Abelardo Pérez Estrada /Empresario, Analista, Expresidente CANACINTRA