La interpretación de Chamberlain permite comprender las visiones imperialistas, racistas y fascistas que actualmente nos amenazan
Gustavo Ogarrio
Paul Thomas Chamberlin nos propone, en su libro “Tierra quemada. Una historia global de la Segunda Guerra Mundial”, revisar las consecuencias imperialistas actuales del fin de este conflicto: “Tras haber matado a la bestia del Eje, el behemot soviético y el leviatán estadounidense se enfrentaron entre sí y desencadenaron una nueva guerra eterna. Esta nueva batalla se libraría entre las ruinas de la Segunda Guerra Mundial y un orden colonial moribundo, e insuflaría una nueva vida a las viejas estructuras imperiales en la forma de la geopolítica de la Guerra Fría”. Es urgente dejar de “restarle importancia” a los elementos coloniales de las dos grandes guerras del siglo pasado, ya que esto impide comprender “las raíces imperiales de la geopolítica” de nuestros días; colocarse a distancia crítica de las interpretaciones idealizadas de las guerras modernas. El libro de Chamberlain “se aparta del enfoque que se centra en los grandes dirigentes y las operaciones militares para analizar cómo el conflicto más grande de la historia transformó las relaciones entre imperio, raza, violencia, guerra y Estado. Geográficamente, el libro se aleja de las playas de Normandía para hacer mayor hincapié en los teatros de operaciones más sangrientos de Europa del Este y Asia oriental. Rompe con las explicaciones estándares de la guerra argumentando que la raza y el imperio eran dimensiones centrales del conflicto. Aborda la Segunda Guerra Mundial como un conflicto profundamente enraizado en el contexto más amplio de la historia mundial. Y de esta forma intenta excavar los cimientos coloniales de la guerra y trazar sus secuelas imperiales”. Como ya lo advertía José Carlos Mariátegui en 1928, la Conquista no ha terminado. Una sucesión de guerras coloniales sostiene la actividad de los imperios en Asia, África y América Latina. La interpretación de Chamberlain permite comprender las visiones imperialistas, racistas y fascistas que actualmente nos amenazan.