EDITORIAL
Cómo fue el paso de la diputada local morenista, Guilianna Bugarini Torres, por la presidencia de la Mesa Directiva del Congreso del Estado de Michoacán, veamos:
Lo cuestionable
1.- Ingenua no, autoritaria sí, a veces demasiado exhibicionista, conflictiva con propios y extraños, descaradamente dependiente del Ejecutivo y sin recato a violentar el marco legal orgánico legislativo.
Lo indiscutible
2.- Pragmática a más no poder, eficiente operadora en la productividad congresista -20 sesiones plenarias en 90 días con aprobación de 240 dictámenes- e impulsora en especial de rubros sociales y de género.
En ese paso, su actitud fue vertical sin tantos dejos de espacios al análisis, a la discusión y a los acuerdos no solo con los integrantes de la oposición del bloque de sus pares, sino con uno de sus aliados, del PT.
Sí, se va, dejando a un pleno congresista con elevada tensión interna entre sus miembros, pero bajo la leve esperanza de que su sucesor, en este caso Baltazar Gaona García, retome la legalidad trastocada, aunque habrá que ver.
