Editorial
Lo ocurrido en Morelia no fue una reunión de trabajo de los morenistas, sino fue una operación de blindaje. Bajo el pretexto de una agenda legislativa, parte de la cúpula de Morena a nivel nacional y del estado se encerró a piedra y lodo, confiscando celulares como si de una sociedad secreta se tratara, para intentar resolver en lo oscuro lo que la realidad les está cobrando en lo público.
El dato más alarmante y éticamente cuestionable de esta «encerrona» es la presencia de Carlos Torres Piña. Resulta un insulto a la inteligencia ciudadana y a la autonomía institucional que el Fiscal General del Estado se siente a planear estrategias políticas electorales con figuras políticas que hoy está bajo la lupa.
Y es que en el estado se exigen respuestas claras en torno a los autores intelectuales de la muerte violenta del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez, pero el hombre encargado de procurar justicia en Michoacán prefiere entregar su teléfono en la entrada de un ente partidista para escuchar la línea de sus dirigentes nacional, formal e informal, Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán.
¿Con qué autoridad moral citará la Fiscalía a los morenistas señalados por su presunta vinculación al propio caso de Carlos Manzo, en referencia a Leonel Godoy Rangel, Ignacio Campos Equihua y Raúl Morón Orozco, si su titular no cuida la sana distancia entre el partido y la justicia.
Por otro lado, el anuncio de que en marzo se definirán las reglas para la sucesión no es más que un intento de poner silenciar a los grupos internos. El gobernador Alfredo Ramírez Bedolla habla de encuestas y unidad, pero el hermetismo de la reunión sugiere que el miedo a la fractura es real.
La «unidad» que pregonan es, en realidad, un pacto de mutismo para que escándalos, como el señalado, no descarrilen el tren del 2027.
También dijeron que hablaron del «Plan Michoacán», pero lo discuten a puerta cerrada. Si el plan es para beneficio de los michoacanos, ¿por qué esconderlo?. Si, Morena en Michoacán ha dado hoy una lección de lo que más criticaba en el pasado: el uso faccioso de las instituciones y la política de pasillo.
