El maestro Pedro no sólo me enseñó a escuchar música, me enseñó a conocerla y, por lo mismo, amarla más
A la memoria del maestro Pedro Samuel Medina. Gracias por tanto.
Jorge A. Amaral
La música es el lenguaje universal por excelencia. No importa el idioma, siempre logra comunicar más allá de lo que se pueda decir con palabras. Este arte ha formado parte de mí, siempre ha estado ahí, desde que mi madre me cantaba “Gracias a la vida” de Violeta Parra antes de dormir hasta el momento en que escribo esto y al fondo resuena Celia Cruz con su mítico “químbara cúmbara cumba quimbambá”.
Y es que, además de permitir la conexión, la comunicación y la expresión entre seres humanos, la música también es importante por ayudar a los niños a desarrollar su bienestar físico, social y emocional.
Distintas investigaciones han demostrado la manera positiva en que la música estimula y activa el cerebro, esto mediante la liberación de dopamina, el neurotransmisor que aumenta las sensaciones de placer, y también puede activar el sistema límbico, responsable de funciones como el procesamiento de las emociones y la memoria.
Por lo anterior es recomendable acercar a los niños a la música desde la primera infancia, puesto que impacta de forma positiva en su inteligencia, sensibilidad y emociones, lo que les permite un temprano desarrollo del lenguaje, mayor capacidad para asimilar otros idiomas, mejor manejo de sus emociones, el fortalecimiento de la memoria y la concentración, así como de su autoestima.
Esto se debe que en la primera infancia el desarrollo se enfoca en establecer conexiones a partir de los aportes del mundo exterior, y la música siempre será una fuente rica en estímulos a medida que se va desarrollando el cerebro del niño.
En cuanto al bienestar de los niños, la música lo aporta en tres formas primordiales. En primer lugar, contribuye al desarrollo físico de los menores ya que ayuda a disminuir la tensión muscular y mejora la coordinación y el movimiento. Por ejemplo, tocar un instrumento o las actividades rítmicas pueden ayudar a mejorar la postura, el balance, la coordinación y el control físico, a la par que ayuda a desarrollar la destreza, la independencia de manos y las habilidades motoras.
En cuanto al aprendizaje, la música no sólo contribuye en temas de lenguaje, como ya le había comentado, también prepara al cerebro para el aprendizaje y facilita a los niños a aprender a leer y a hablar mientras desarrollan la memoria y la atención. Por eso en preescolar se recurre a las canciones para enseñar a los niños.
En segundo lugar, tenemos la parte emocional, pues es obvio que escuchar música, cantar, bailar y tocar un instrumento influyen en las emociones.
Por eso es que la música puede beneficiar la salud mental y emocional de los niños, ayudando a tranquilizarlos cuando están sobre estimulados o si tienen problemas para regular las emociones.
En tercer lugar, la música es útil para que los niños aprendan a relacionarse y estrechar vínculos, lo que resulta de suma importancia en el contexto actual, en que prevalece la ansiedad, lo que va aunado al aislamiento que provocan videojuegos y dispositivos móviles usados sin supervisión.
Según el portal de la ONG Humanium, enfocada en los derechos de la niñez a nivel global, incorporar la música en la currícula escolar aumenta los vínculos sociales y permite mejoras en el tejido social, esto al propiciar la cohesión social y dirigir la energía de los niños hacia algo positivo, además de que ayuda a crear una sensación de compañerismo y unión al estar el niño integrado a un coro, a una orquesta, banda o grupo escolar de danza o canto.
Pero la música también es de gran ayuda para niños con discapacidad o alguna condición, al utilizarla como vía de escape para sentirse bien consigo mismos y relajarse, especialmente con instrumentos de percusión.
Los niños con dificultades en el lenguaje pueden apoyarse en la música para vocalizar, haciendo sonidos o ruidos. Además, un menor con trastorno por déficit de atención o trastorno por déficit de atención e hiperactividad puede concentrarse en los componentes musicales de una canción para mejorar su capacidad de concentración.
Además, según Cervino Disability Support Services, una organización australiana de asistencia y servicios para personas con discapacidad, la educación musical puede ayudar a que niños con necesidades especiales establezcan un sentido de lógica y organización, pues la música se basa en patrones rítmicos y de sonido.
También, un estudio publicado en el Journal of Music Therapy indica que la musicoterapia mejora las habilidades comunicativas, sociales y emocionales de los niños con trastorno del espectro autista, además de mejorar la capacidad lingüística en niños con síndrome de Down.
Por todo lo anterior es de suma importancia que, desde pequeños, los niños entren en contacto con la música. Pero usted me dirá “oye, pero yo no voy a meter a mi crío a un colegio particular como el del Conservatorio ni le voy pagar maestro de música, mucho menos comprarle un piano o una batería”, y es verdad, no toda la gente tiene para eso, pero podemos empezar en casa, basta tener un tiempo al día, dedicación y ganas.
Para empezar, póngale música todos los días, pero no salga con sus bélicas todas nacas porque sólo aumentará las cabezas de ganado alucín, ni con sus Caifanes y Pink Floyd porque lo único que logrará es hartar al pequeñín y, créame, jamás se convertirá en usted. Póngale música de distintos géneros y ritmos, de preferencia en español si es cantada. Si es niño de prescolar, a medida que escucha música pregúntele qué le parece, cómo esa música lo hace sentir, qué se imagina al escucharla.
Homenaje
Todo lo que usted leyó anteriormente se debe a que el domingo pasado me enteré del lamentable fallecimiento del maestro Pedro Samuel Medina, director de la Banda Intermunicipal de Tarímbaro y docente durante décadas en la Secundaria Técnica 47.
Era 1992, el Jorgillo entraba a la secundaria con la fantasía de que aquello sería como en “Los años maravillosos” pero no, obviamente no. Lo que sí había era una banda de música a la que con gusto me inscribí, primero para aprender a tocar la tuba, lo que disfrutaba mucho, hasta que mis papás me doraron la píldora para que dejara la horrenda tuba y tocara la coqueta y prestigiosa trompeta, y para ello me prometieron comprarme una. Cambié a la trompeta y el resultado fue más que bueno: descubrí un talento.
Mis papás me mintieron, nunca hubo tal trompeta ni ganas de comprarla, en cambio yo tocaba con la peor de la escuela: abollada y dura, pero quizá por eso me volví muy bueno. En ese proceso, el maestro Pedro fue un guía, algo vio en mí porque desde el inicio no me soltó: me pasaba ejercicios que a otros no, me enseñó algunos “trucos”, mi partitura siempre estaba en tonos más altos, me pasaba partituras de piezas que yo le pedía pero al plantearle la idea de montarlas con el resto de la banda me miraba fijamente y sólo decía “tú puedes, también Luis Antonio (clarinete, a la fecha excelente músico), pero a los demás no les alcanza”.
Más allá de eso, recuerdo las sesiones en su oficina: sólo él y yo, con una grabadora en el escritorio. Ahí me enseñó a escuchar la música a profundidad, primero preguntándome qué instrumento es ese, qué instrumento es este otro; luego, pidiéndome concentrarme en el bajo, por ejemplo, a veces me decía “sólo escucha los instrumentos de percusión, olvídate de los demás”. Así aprendí a diseccionar la música mientras la escucho, a detectar los detalles, los silencios, los tiempos. Con eso, el maestro Pedro no sólo me enseñó a escuchar música, me enseñó a conocerla y, por lo mismo, amarla más.
Pedro Samuel Medina formó a generaciones y generaciones, y muchos de sus exalumnos hoy son extraordinarios músicos, más los que formó en la Intermunicipal. Ese es su legado, pero la huella que en mí dejó nunca se borrará pues, si bien al final no fui músico, gracias a él aprendí a tomar una pieza y separar sus capas como con una cebolla, desmenuzarla mentalmente y paladear todos sus ingredientes, como un cocinero que, al probar un platillo, descubre los ingredientes, desde los predominantes hasta aquellos que se usan discreción. Cuando uno aprende a hacer eso, créame, la experiencia de escuchar música no tiene comparación. Es cuánto.