TRANSFORMANDO
La pregunta parece retórica, pero ya no lo es, ¿Quién gobierna México?, la respuesta oficial dirá que las instituciones, la presidenta, la soberanía, la respuesta práctica es más incómoda: Donald Trump, sin cargo, sin oficina en Palacio Nacional y sin necesidad de dar conferencias matutinas, gobierna sin gobernar, ordena sin ordenar, decide sin firmar; Eficiencia pura.
En migración, Trump amagó con aranceles y México respondió con más de 10,000 elementos de la Guardia Nacional, no para proteger su frontera sur, sino para custodiar la de Estados Unidos, México no levantó un muro de concreto, levantó uno de uniformes, Trump prometió que México pagaría el muro, México, lo paga mensualmente, puntual como siempre, la soberanía no se perdió; se subcontrató.
En economía, el libre comercio también sabe obedecer, bajo presión del T-MEC y amenazas comerciales, México impuso aranceles a productos chinos, en especial a los autos, la decisión no respondió a una estrategia industrial propia, sino a una necesidad ajena, México comercia libremente, siempre que no afecte a Estados Unidos, cuando un país ajusta su política económica para tranquilizar a otro, deja de ser socio estratégico y se convierte en extensión funcional.
En seguridad, Trump consiguió algo notable: extradiciones rápidas, van varios envíos, eso sí, sin narcopolíticos, sin tocar las redes que conectan crimen y poder, sin alterar el equilibrio real, se entregan nombres, no estructuras, resultados suficientes para Washington, costos mínimos para casa, cooperación ejemplar, profundidad opcional.
Al mismo tiempo, se presume el desmantelamiento de más de 2,000 laboratorios de fentanilo, una droga que —según se afirmó— “no existía”, si no existía, ¿qué se desmantela? y si existía, ¿quién miró hacia otro lado?, o tal vez no existía… hasta que Estados Unidos empezó a contar muertos.
En ayuda humanitaria, aquí la ironía deja de ser sutil, tras una llamada incómoda, México detuvo el envío de petróleo a Cuba, no fue un debate público ni una decisión soberana; fue un ajuste inmediato, ahora la solidaridad internacional tiene condición previa, ayudamos, siempre que no moleste, la política exterior se convirtió en un botón que se apaga desde fuera.
En energía, la soberanía energética sobrevive en el discurso, en la práctica, México calibra cada decisión con una pregunta silenciosa: ¿esto incomoda a Washington?, exportaciones, narrativa ambiental, apoyos internacionales, todo se mide, tal como si la autonomía fuera solo escenografía.
Y entonces la pregunta vuelve, esta vez sin rodeos: ¿quién gobierna?, falta una decisión política real, o falta que la presidenta con A decida si quiere ejercer la soberanía o seguir administrando obediencia con lenguaje diplomático, porque la soberanía no se pierde sólo con una invasión; se cede con cada “no pasa nada”, con cada concesión presentada como pragmatismo.
México puede seguir reaccionando a Trump, cumpliendo primero y explicando después, o puede gobernar con autonomía, aun cuando incomode, despertar es aceptar quién manda, gobernar es decidir si se le sigue permitiendo.
El reloj avanza, y la historia, cuando escribe, no se esconderá en la soberanía.
POSDATA:
“… ya viene la reforma electoral, al parecer los cambios solo afectaran al electorado, no a los partidos y mucho menos a los dueños de las franquicias…”
Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡Soberanos!!!
El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA en Michoacán