Creo que pocas cosas son comparables con la ilusión que me transmitía el fútbol en mi niñez. Primero, el sueño de ser futbolista de mi equipo favorito. Después, al crecer y darme cuenta de que no tenía ningún tipo de condición competitiva, imaginarme como director técnico gestionando el vestuario.
Emiliano Medina
No creo que sea tan común fusionar el fútbol con el cine. ¿Será porque compiten por un espacio en la pantalla? ¿o porque es difícil representar la emoción de este deporte a través de una historia ficticia? Yo quiero ver a mi equipo campeón, no una historia sobre fútbol, pensaba de niño.
Existen películas que son obras maestras y se convertirán en filmes de culto, como Fue la mano de Dios (2021) de Paolo Sorrentino. No es el caso de ninguna de las dos historias de las que hablaré hoy; todo lo contrario, como películas incluso me parecen malas. Entonces, ¿por qué tomarse el tiempo de hablar de ellas? Porque son parte de mi infancia, así como, de alguna forma, lo es el fútbol.
Creo que pocas cosas son comparables con la ilusión que me transmitía el fútbol en mi niñez. Primero, el sueño de ser futbolista de mi equipo favorito. Después, al crecer y darme cuenta de que no tenía ningún tipo de condición competitiva, imaginarme como director técnico gestionando el vestuario. El fútbol era mi más grande ilusión. Creo que de eso hablan estas dos historias: ¡Gol! El sueño imposible acerca de la ilusión por llegar al fútbol profesional; mientras que Green Street, sobre la idea de pertenecer a algo más grande que uno, aún si es siguiendo la ruta más destructiva.
La película ¡Gol! El sueño imposible sigue el camino de Santiago Muñez, migrante mexicano que persigue el sueño de llegar a ser futbolista profesional. Es un filme sincero, no pretende ser más de lo que es. Los diálogos son sencillos y el ritmo es más bien predecible. Aun así, la enseñanza de que “el balón siempre será más rápido que el jugador”, quedó grabada en mi forma de entender el juego y la vida. El compañerismo es el camino. Esta película es especialmente linda porque representa la emoción de lo nuevo: un nuevo país y estilo de vida. Vivir el sueño y verse tentado por la fama. Olvidar las raíces para reencontrarse y hacer sentir orgulloso a un padre que no confió en el camino. Todo eso es Gol, una historia sencilla pero emotiva que funciona.
En cambio, Green Street es simplemente una mala película. Elijah Wood ofrece una pésima actuación como hooligan; es lo que Crepúsculo a las películas de vampiros: un gusto culposo. Aún recuerdo la primera impresión que me causó, “esto también es fútbol”, pensaba. No es que glorificara la violencia, pero me parecía que el aficionado se fusionaba con los de su especie para hacerse parte del club. Es el absurdo de lo menos importante. ¿Por qué hay gente que está dispuesta a golpearse por algo tan intrascendente como un partido de fútbol? Es irracional y barbárico. Aun así, en Green Street queda claro que esto es un escape a una realidad aburrida. Ser parte de algo que sólo tú crees conocer. Al final de ese sentimiento, te das cuenta de que sientes muchas cosas, pero realmente no sabes nada.
A pesar de ser ambas películas poco elaboradas, creo que son honestas con el sentimiento que transmiten. Eso es la ilusión. Jamás pensé en cómo iba a ser futbolista; sólo me imaginaba que, al patear un penal, lo estaba haciendo en la final de un mundial y no en el receso de 45 minutos entre clases de secundaria.
Ambas son, para mí, una carta que me remite a la infancia. No sé si me vuelva a causar tanta emoción algún deporte como cuando veía el mundial en el comedor de la escuela. Tampoco sé si volveré a ver alguna de estas películas. Me parece bien saber que ambas son parte de una carta que escribí en mi niñez, una que remite al sueño de ser a la vez, futbolista y hooligan.
Emiliano Medina, aspirante a maestro en Ciencia Política por el CIDE, frustrado director técnico de fútbol.
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